LVII
Surge ante mi mirada al vacio un recuerdo
y en el recuerdo, el vacio de esta habitación repleta
se hace más insoportable.
Es la mente, es el suspenso del día a día
y la delgada línea que separa la imaginación
de lo verdadero.
Es aquello que veo y es aquello que se oculta.
En cierta manera es tan claro
y en ciertas noches tan doloroso.
Oigo en la distancia un llanto ahogado
y en el espejo surge el brillo de un cristal de sal.
Siento tu presencia y de pronto ... nada.
Pasan las horas y el celeste manto que cubre mi ilusión
deja caer su estrellado velo de sombras.
Pasan las horas y sin embargo, sigo depierto.
Observo, tan sólo me rodea la oscuridad
y puedo ver todo aquello que oculta la luz
y sin luz y entre penumbras es que apareces.
Te dejas ver insconstante,
difusa en el tiempo y tan cercana
en mi sueños.
Y recuerdo tus ojos,
y recuerdo tu piel,
y recuerdo tus manos.
....y recuerdo tus labios.

