XLIX
Volaron muchas aves hacia el sur,
volaron muchas aves siguiendo al Sol.
A su abrazo cálido y a su brillante mirada.
Llegaron los fríos vientos del norte,
cayeron las nubes del cielo,
se echaron las hojas al viento.
Se oyeron muchas voces, pero de pronto... silencio.
De la celeste bóveda cayeron relámpagos,
y en todas direcciones se escucharon los truenos.
Desde el centro de la Tierra despertaron abruptamente las llamas
y lenguas de fuego se elevaron desafiantes al Sol.
Y aunque los caminos permanecían intactos, nadie transitaba por ellos.
En medio del caos buscaba aquella señal en todo.
Busqué con desesperación pero, no hallé nada.
Disimulé cubierto por la mirada de la dama de velo nocturno
y la soledad llegó... brotaron saladas gotas,
surcaron viejas grietas de un desierto olvidado por todos.
De pronto un ahogado gemido pero, nadie escuchó.

Volaron muchas aves hacia el sur,
volaron muchas aves siguiendo al Sol.
A su abrazo cálido y a su brillante mirada.
Llegaron los fríos vientos del norte,
cayeron las nubes del cielo,
se echaron las hojas al viento.
Se oyeron muchas voces, pero de pronto... silencio.
De la celeste bóveda cayeron relámpagos,
y en todas direcciones se escucharon los truenos.
Desde el centro de la Tierra despertaron abruptamente las llamas
y lenguas de fuego se elevaron desafiantes al Sol.
Y aunque los caminos permanecían intactos, nadie transitaba por ellos.
En medio del caos buscaba aquella señal en todo.
Busqué con desesperación pero, no hallé nada.
Disimulé cubierto por la mirada de la dama de velo nocturno
y la soledad llegó... brotaron saladas gotas,
surcaron viejas grietas de un desierto olvidado por todos.
De pronto un ahogado gemido pero, nadie escuchó.

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