LIV
Suenan distantes las palmas,
la multitud puesta en pie aplaude lo ocurrido.
Su sonrisa aun permanece en su rostro
y su rostro se aleja de su cuerpo.
En unos momentos dejará de brotar sangre,
en unos minutos quedará seca la herida
sin embargo, ya se ha extinguido su vida.
El baile comienza entre lágrimas y alegría,
entre un sol y una luna durante varios días.
Aún en el escenario permanece esa sonrisa
y unos ojos sin vida observan curiosos el espectáculo.
Un grupo de personas observan en silencio,
contienen la respiración espectantes y ansiosos.
Es un hombre quien con gracia y destreza
desmiembra un cuerpo.
En sus ojos ve el éxtasis que cada gota
de sangre derramada le produce.
Trata de acercarse para verlo mejor,
pero no puede.
Trata de mirar hacia otro lado,
pero no puede.
De pronto los dedos son lanzados al público.
Como hombres hambrientos pelean por ellos.
Así, pasan los minutos hasta que no queda nada del cadáver.
El hombre que repartió los restos exalta a la multitud,
ahora piden la cabeza.
Él, muy cortes, la lanza sobre ellos
quienes voltean y se lanzan tras el premio.
Traté de ver quien era el desgraciado hombre
... de pronto desperté.
Sorprendido me di cuenta de que a mi lado
yacía un cráneo ensangrentado.

Suenan distantes las palmas,
la multitud puesta en pie aplaude lo ocurrido.
Su sonrisa aun permanece en su rostro
y su rostro se aleja de su cuerpo.
En unos momentos dejará de brotar sangre,
en unos minutos quedará seca la herida
sin embargo, ya se ha extinguido su vida.
El baile comienza entre lágrimas y alegría,
entre un sol y una luna durante varios días.
Aún en el escenario permanece esa sonrisa
y unos ojos sin vida observan curiosos el espectáculo.
Un grupo de personas observan en silencio,
contienen la respiración espectantes y ansiosos.
Es un hombre quien con gracia y destreza
desmiembra un cuerpo.
En sus ojos ve el éxtasis que cada gota
de sangre derramada le produce.
Trata de acercarse para verlo mejor,
pero no puede.
Trata de mirar hacia otro lado,
pero no puede.
De pronto los dedos son lanzados al público.
Como hombres hambrientos pelean por ellos.
Así, pasan los minutos hasta que no queda nada del cadáver.
El hombre que repartió los restos exalta a la multitud,
ahora piden la cabeza.
Él, muy cortes, la lanza sobre ellos
quienes voltean y se lanzan tras el premio.
Traté de ver quien era el desgraciado hombre
... de pronto desperté.
Sorprendido me di cuenta de que a mi lado
yacía un cráneo ensangrentado.

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